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Los astilleros de Cádiz y Puerto Real preparan la reforma integral del 'Victory'

La obra arrancará el 18 de agosto, pero antes la compañía Carnival enviará a la Bahía un buque-hotel para alojar a los trabajadores de las subcontratas extranjeras

La transformación del buque durará un mes y permitirá el nacimiento de un nuevo crucero, el ‘Radiance’

Los astilleros de Cádiz y Puerto Real preparan la reforma integral del crucero Carnival 'Victory', que lleva amarrado en la Bahía desde marzo de 2020. Este barco llegó a Puerto Real en la víspera de la declaración del Estado de Alarma y se paralizó su intervención a la espera de que amainara la pandemia. Sin embargo, el impacto del coronavirus llevó a la compañía a sopesar la inversión y aplazarla hasta nueva orden. Finamente, el 'Victory' se salvó del desguace y a mediados de 2020 Carnival autorizó su reconversión en un nuevo barco bautizado como el 'Radiance'. Esta operación de estética se programó para marzo de 2021, sin embargo se aplazó para agosto.

Ahora Navantia se prepara para un mes de intenso trabajo en el astillero de Puerto Real, donde se llevará a cabo la transformación del buque. Está previsto que el crucero pase del astillero de Cádiz al de Puerto Real el 18 de agosto y permanezca en el dique hasta el 21 de septiembre.

Para llevar a cabo esta amplia operación ya se ha puesto en marcha la logística naval. Una de las primeras órdenes que ha dado Carnival ha sido el envío de un ferrys-hotel a la Bahía de Cádiz para alojar a los más de 1.000 trabajadores de las subcontratas extranjeras que participarán en la reforma. Este flotel llegará a Cádiz la semana que viene, el 26 de julio, y empezará a recibir a los operarios previo examen covid.

Inversión millonaria

El 'Victory' ha estado en la cuerda floja tras el estallido de la pandemia. Llegó al astillero de Puerto Real para una transformación integral, pero el Estado de Alarma abortó esta inversión, cifrada en unos 170 millones de euros. El crucero estuvo en el muelle de armamento del astillero puertorrealeño hasta el tercer trimestre de 2020, en que se desvió a Cádiz. Precisamente, Carnival lo salvó en octubre del desguace y retomó el plan inicial para su reforma total. Desde entonces, permanece en el astillero de la capital, donde se le han ejecutado varias obras en las cubiertas.

Todo estaba preparado para que el barco abandonara en marzo de este año las instalaciones del astillero gaditano para entrar en el dique de Puerto Real, sin embargo, Carnival decidió aplazar hasta el próximo agosto esta operación.

La transformación programada para el 'Victory' significa el nacimiento de un nuevo crucero bautizado con el nombre de Carnival 'Radiance'. El coronavirus truncó este proyecto y ahora se retoma de forma satisfactoria para los intereses de Navantia y del mercado laboral de la Bahía.

El crucero llegó a Puerto Real bajo una fuerte polémica, ya que el comité de empresa de la factoría puso pegas a la entrada del buque ante la fuerte amenaza que suponía el coronavirus. No hay que olvidar que el crucero venía con su tripulación y, además, con un contingente de trabajadores de empresas extranjeras que iba a participar en su reforma interior. Además, la Carnival había contratado un ferry que haría las veces de barco-hotel para alojar a la mano de obra internacional que necesitaba el buque para su obra. En total, más de 3.000 personas estaban llamadas a trabajar la pasada primavera en esta reforma en el astillero puertorrealeño, de las que un millar de ellas pertenecían a Navantia y a la industria auxiliar gaditana.

La irrupción de la pandemia abortó los planes de la Carnival y obligó a la tripulación del crucero y a los trabajadores de las subcontratas extranjeras a guardar una cuarentena en el interior del barco. Carnival repatrió en mayo y de manera escalonada a ese contingente de trabajadores bajo estrictas medidas de seguridad sanitaria. De hecho, la compañía envió a Cádiz al crucero Carnival 'Breeze' para la repatriación de una parte de su personal.

 

El destino final del 'Victory' ha estado muy condicionado por los planes de futuro de Carnival con su flota. El dilema del armador era invertir 170 millones de euros en un barco con más de 20 años de antigüedad y garantizar con ello un nuevo ciclo de vida o, por el contrario, enviarlo directamente a la chatarra. Finalmente, ha pesado más la opción de la reforma que la del desguace.

Fuente: www.lavozdigital.es