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La empresa que quiere usar la energía del océano

Todo empezó por un accidente. En los años 80, Alejandro Marques de Magallanes se había ido a bucear con unos amigos al Estrecho de Gibraltar. Las fuertes corrientes que genera el choque del mar Mediterráneo y el oceáno Atlántico le impedían volver a la superficie. Finalmente pudo salir, pero una pregunta se le instaló en la cabeza: ¿Cómo se podría utilizar la fuerza de las mareas para generar energía? Años después Alejandro Marques se convirtió en un empresario del sector textil.

Al frente de Sagres S.L, ubicada en la localidad pontevedresa de Redondela, empezó a colaborar con la Escuela de Ingenieros Industriales de Vigo. A ellos les propuso investigar el tema de la energía maremotriz. «Al principio le decían que estaba loco», explica su hijo. Pero pasó el tiempo y la tecnología fue avanzando. Tras fundar en 2007 Magallanes Renovables, la compañía gallega es ahora una de las pocas en todo el mundo que está a punto de conseguirlo.

En aguas de las Islas Orcadas, el archipiélago situado al norte de Escocia, está fondeada la plataforma Atir. Es uno de los dos únicos prototipos que se testan en el Centro Europeo de Energías Marinas (EMEC) para explorar la viabilidad de una nueva fuente de energía renovable. La idea es sencilla. Sumergidos debajo de la plataforma se ocultan dos rotores que mueven las corrientes marinas. Son como los aerogeneradores de la eólica, pero en lugar de aprovechar la fuerza del viento aprovechan la del océano. Alejandro Marques, hijo del fundador de Magallanes Renovables y director de desarrollo y negocio, explica las ventajas de la energía maremotriz. «Las corrientes que generan las mareas ocurren cada seis horas todos los días del año. No hay ningún recurso renovable que sea predecible y este sí», afirma. La plataforma tiene potencia para generar 1,5 megavatios, suficientes para suministrar electricidad a unas 1.500 viviendas.

 

En la década de los años 2000, una empresa inglesa ya había diseñado un prototipo similar, pero fracasó por los elevados costes que tenía su mantenimiento. El principal cambio que ha introducido Magallanes Renovables y también sus competidores escoceses, es el de realizar una plataforma flotante. Primero construyeron un prototipo a escala 1:10 y lo probaron en la ría de Vigo y en el río Miño. Los resultados fueron prometedores y lograron subvenciones de la Unión Europea para crear un nuevo prototipo esta vez a escala real. «Se construyó en Vigo y se remolcó hasta Escocia», explica Marques. Para la fabricación se contó con el apoyo de las industrias navales gallegas Ganain y Coterena, pero hasta el software o los sistemas energéticos se desarrollaron en la Comunidad gallega. El Atir ya está conectado a la red eléctrica escocesa y funciona. «Tenemos la tecnología muy avanzada, aún no al 100% pero casi. Estamos trabajando en la certificación para poder comercializarlo», explica el director de desarrollo y negocio de la empresa de Redondela. Su idea es ser industriales y a poder ser producir las plataformas en Galicia.

La energía maremotriz no se explota todavía en ningún lugar del mundo. En el pasado se intentó en Francia y en Korea con un sistema de barreras que cerraban bahías. Pero su impacto en los ecosistemas marinos hizo que nadie más las construyera. Ahora el Reino Unido apuesta cada vez de forma más firme por esta fuente renovable. Las Islas británicas ya han delimitado las zonas donde podrían instalarse las plataformas y recientemente anunciaron que van a incentivar el uso de esta tecnología inyectando 20 millones de libras anuales. «Por el momento es más cara que la eólica y por eso hace falta una tarifa que la incentive», indica Alejandro Marques. Magallanes Renovables espera que sus prototipos estén listos para poder empezar a instalarlos en aguas británicas.

Impacto ambiental

«En España van más lentos», relata Marques, «pero hay un estudio de la Universidad de Cádiz que asevera que el Estrecho tiene capacidad para instalar 7.000 megavatios al ser una zona de fuertes corrientes». España todavía está empezando a plantearse la eólica marina, que lleva ya algún tiempo funcionando en aguas británicas. Magallanes Renovables explica que el impacto visual de la energía maremotriz es mucho menor. También que los estudios sobre su posible afectación al medio marino son esperanzadores. «En las Orcadas hay ballenas y no ha habido ningún tipo de colisión. La plataforma genera un pequeño ruido suficiente para que no choquen, pero no demasiado fuerte para que se marchen de la zona», afirma. Asevera además que las zonas de fuertes corrientes donde se instalan no suelen ser usadas por los pescadores porque estropean los aparejos de pesca.

Fuente: www.abc.es